Está situada en China, que se ha consolidado como el gran líder global en el sector porcino.

Visto desde fuera parece un barrio gris de bloques de pisos idénticos. Nadie diría, por lo tanto, que se trata de una granja de cerdos. La macrogranja más grande del mundo apila a los animales dentro de edificios de hormigón con varias plantas, 21 bloques de pisos, para ser exactos. Está en la localidad china de Nanyang, en la provincia de Henan, un millar de kilómetros al sur de Pekín. Es un mastodonte propiedad de la empresa china Muyuan Foodstuff, el principal productor de carne porcina del mundo. Empezó a funcionar en diciembre de 2020 con el objetivo de acabar produciendo unos 2,1 millones de cerdos al año.

Las comparaciones son odiosas. Esta megagranja china es diez veces más grande que cualquiera de las megagranjas de los Estados Unidos, un país con larga tradición de instalaciones de este tipo, y producirá un 400% más. En ella caben hasta 84.000 cerdas y sus crías. Y estas cerdas pasan las dieciséis semanas y media de embarazo en jaulas individuales, donde las mantienen también encerradas «sin poder ni siquiera girarse mientras amamantan a los lechones, con el objetivo de que sean cuanto más productivas mejor», explica el activista Pei Su, que fundó Act Asia para defender y promover los derechos de los animales en China. Son un tipo de cabinas que en la Unión Europea están prohibidas desde 2013 pero que tanto en Asia como en Estados Unidos todavía se usan.

«El modelo de las macrogranjas chinas es importado de los Estados Unidos y la Unión Europea, no es el modelo tradicional de cría de cerdos chino. Y tampoco existirían si no fuera por el apoyo de inversores occidentales», quiere dejar claro Pei. Un tipo de instalaciones que se empezó a construir en China a finales de los años 90 y principios del siglo XXI pero que en los últimos veinte años ha crecido enormemente, como lo ha hecho, también, la economía de China y su poder en el mundo.

La pesadilla de la peste

En 2018, sin embargo, hubo una mala noticia para el sector: con la llegada de la peste porcina africana, la producción china de cerdo cayó y Pekín se vio obligada a importar carne de cerdo para satisfacer la demanda de los más de 1.400 millones de chinos, cosa que ha beneficiado enormemente a la industria porcina catalana y la europea en general. Pero las cifras de la pandemia porcina en el país ya empiezan a reducirse, al menos en la versión oficial, de forma que China podría reducir muy pronto sus importaciones.