El sector agroalimentario español afronta 2026 desde una posición más favorable que en años anteriores, pero sigue enfrentándose a desafíos relevantes derivados del cambio climático, la volatilidad geopolítica y un entorno comercial cada vez más exigente.

Así se incluye en el tradicional Informe analítico sobre la situación y perspectivas del sector agroalimentario español 2026, realizado por los expertos de Caixabank Research.

La inversión en innovación, digitalización y activos intangibles, las estrategias para ganar escala y competitividad, y la capacidad de adaptación de sectores como el vitivinícola serán factores clave para reforzar la resiliencia y la creación de valor de un sector con un papel fundamental en la economía española.

Más en concreto, Pedro Álvarez Ondina, economista en el Departamento de Economía Española. Máster en Economía Aplicada por la Universidad de Oviedo, analiza cómo este sector consolida su recuperación en un contexto todavía exigente.

Para este analista, el sector agroalimentario afronta 2026 desde una posición más sólida que en años recientes, apoyado en la normalización progresiva de la actividad agraria, la moderación de la inflación alimentaria y la resiliencia de la industria de la alimentación.

Sin embargo, añade, el escenario sigue siendo exigente. Aunque la situación hídrica ha mejorado notablemente, los fenómenos meteorológicos extremos continúan ganando relevancia y elevan la incertidumbre sobre las cosechas.

Al mismo tiempo, la guerra en Irán introduce nuevas presiones sobre costes energéticos y fertilizantes, en un contexto internacional que sigue marcado por las tensiones comerciales y una evolución menos favorable de las exportaciones.

Escala, integración y valor del cooperativismo agroalimentario

Este autor también analiza en otro artículo titulado ‘Escala, integración y valor: los retos del cooperativismo agroalimentario en España’ el cooperativismo que desempeña un papel decisivo en la competitividad de un sector tan atomizado como el de la agroalimentación.

Al concentrar la oferta, compartir inversiones y servicios y facilitar el acceso a los mercados, añade Álvarez Ondina, las cooperativas refuerzan la posición de agricultores y ganaderos en la cadena alimentaria.

Sin embargo, su implantación y su capacidad económica varían considerablemente entre territorios y ramas productivas. Los beneficios asociados al tamaño se materializan plenamente cuando van acompañados de estrategias orientadas a la diferenciación, la innovación, la transformación industrial y una mayor proximidad al consumidor.

En este contexto, concluye, el reto del cooperativismo agroalimentario español no pasa únicamente por seguir ganando escala, sino por fortalecer su capacidad para generar valor añadido y aumentar su poder de mercado.

En otro artículo, David Martínez Turégano, economista en el Departamento de Economías y Mercados Internacionales. Licenciado en Economía por la Universidad de Castilla-La Mancha y Máster en Economía y Finanzas por el Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI), hace referencia a los ‘Retos y oportunidades de la agenda europea para el sector agroalimentario’.

Martínez Turégano señala que la ’Visión para la Agricultura y la Alimentación’, presentada en febrero de 2025 por la Comisión Europea, parte de la siguiente constatación: el sector agroalimentario europeo debe seguir siendo competitivo en un entorno geopolítico más fragmentado, adaptarse al cambio climático y mantener su legitimidad social y territorial.

De forma específica, añade, reconoce al sector como estratégico, propone una Política Agraria Común (PAC) más simple, justa y orientada a resultados, y pone el foco en renta agraria, relevo generacional, resiliencia climática, innovación, bioeconomía y una posición negociadora más equilibrada de los agricultores dentro de la cadena alimentaria.

‘Invertir para competir: el nuevo ciclo de modernización de la industria alimentaria española’ es el artículo de Sergio Diaz, economista en el Departamento de Economía Española de la Dirección de Estudios en CaixaBank. Licenciado en Economía por la UAM y Máster (diploma de Estudios Avanzados) en Economía Aplicada por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

En el mismo explica que la industria de la alimentación no solo es la primera rama manufacturera del país por actividad, empleo y proyección exterior; también se ha consolidado como uno de los grandes motores de inversión del tejido industrial español.

En un entorno marcado por el encarecimiento de costes, añade Díaz, la presión regulatoria, la competencia internacional y unas demandas de consumo cada vez más sofisticadas, el sector ha seguido destinando recursos a ganar eficiencia, reforzar la trazabilidad y avanzar en sostenibilidad y seguridad alimentaria.

Esta capacidad inversora refleja una característica diferencial: frente a ramas manufactureras más cíclicas, la alimentación combina una demanda relativamente estable con una necesidad permanente de renovación, recalca este economista de Caixabank Research.

De cara a los próximos años, según Sergio Díaz, el reto será complementar el peso tradicional del capital físico con un mayor esfuerzo en activos intangibles –innovación, digitalización, datos, trazabilidad, marca y capital humano–, claves para elevar la productividad y competir en segmentos de mayor valor añadido.

Por último, Pedro Álvarez Ondina, analiza ‘El sector del vino ante su gran transformación: adaptarse al cambio climático y al nuevo consumidor’

Así, recalca que este sector afronta un profundo proceso de transformación: desde mediados de la pasada década, los efectos del cambio climático y de los patrones de consumo están redefiniendo las condiciones en las que opera en su sostenibilidad.

En este contexto, añade el economista de CaixaBank Research, mejorar la resiliencia de la producción con variedades más resistentes a las nuevas condiciones climáticas y responder a las nuevas preferencias de consumo son objetivos ineludibles.

Y concluye indicando que ‘en España, la adaptación ya está en marcha, con una creciente recuperación de variedades autóctonas mejor aclimatadas al calor y al estrés hídrico, una mayor presencia de los vinos más ligeros y una apuesta cada vez más decidida por la calidad y la diferenciación. Sin embargo, al sector aún le queda margen de recorrido en transformar cómo comercializa y captura valor, especialmente en los mercados internacionales.’

Infografía sobre situación y perpectivas del sector agroalimentario español en 2026

Fuente: Q.com