Parte del optimismo que transmite el director de Interporc se basa en el papel de la industria española como proveedora principal de China. Esta potencia asiática es el primer elaborador de porcino del mundo, con 60 millones de toneladas, y a la vez representa el 52% del total del consumo de esta carne. Esta relación entre oferta y demanda lo impele a tener que importar un 29% de lo que consume y de este porcentaje, un 22%, proviene de España. “Somos su principal proveedor, por delante de los Estados Unidos y Canadá”, remarca Herranz, en declaraciones a ON ECONOMIA.

La industria española -sometida a una estricta regulación sanitaria- satisface las necesidades de la China en cuanto a seguridad y control animal, pero además responde a su demanda con nuevos productos, elaborados casi exclusivamente para sus consumidores.

La petición para investigar las importaciones de cerdo europeo a China fue presentada el pasado día 6 por la Asociación China de Ganadería. Las pesquisas se centrarán en los productos importados en 2023 y en los ‘daños’ que estas compras provocaron al sector chino entre 2020 y 2023. En el proceso se revisarán productos como carne de cerdo o casquería, tanto refrigerados como congelados, así como grasa de ese animal y derivados de ella o de vísceras.

Afectación al cerdo ibérico

Por su parte, los productores del cerdo ibérico, que comparten partida arancelaria con los del cerdo blanco, temen también por los efectos colaterales de la guerra comercial entre Europa y la China. A pesar de que no ejerzan una competencia directa con la producción interna china del porcino de capa blanca, lo ven como una «noticia negativa», ya que una subida de arancel encarecería el producto y «eso redunda en las ventas»; de ahí que una de las «grandes demandas» del sector ibérico siga siendo que tengan un código arancelario propio que los diferencie.

La interprofesional del cerdo ibérico (Asici) ha pedido al Gobierno español que actúe para «intentar aliviar esa posible carga» arancelaria que puede imponer el gigante asiático y ha admitido que esta situación les llega «en un momento en el que el ibérico estaba apostando mucho» por China como «destino prioritario» después de que en los últimos cinco años haya incrementado un «104%» las ventas de jamón serrano e ibérico a ese país. De hecho, están ejecutando «importantes campañas» para aumentar su presencia en ese destino, pero ahora temen que el comercio «se vea algo frenado y mermado».

La industria española prefiere el Atlántico

La importancia que tiene China para la industria del porcino no es equiparable a todas las áreas de actividad económica exportadoras. “Actualmente, las empresas españolas y catalanas tienen la vista puesta al otro lado del Atlántico, no del Pacífico”, defiende Joan Tristany, director general de AMEC (Asociación de las Empresas Industriales Internacionalizadas). Las cifras demuestran que la exportación a Estados Unidos es tres veces superior a la que se lleva China, que es un mercado en descenso.

En 2023, las exportaciones españolas a la China representaron el 2% del total de ventas al exterior, tras un descenso anual del 5,4%, una tendencia que se está consolidando en lo que llevamos de año. Y para Catalunya, los porcentajes son de un 1,8% del total exportado, con una caída en 2023 del 21,8%. “Para que nos hagamos una idea de que, en general, son exportaciones moderadas, podemos compararlas con las ventas catalanas a la República Checa, que se llevan el 1,4% del total”, apunta Tristany. Mientras, los Estados Unidos son un mercado al alza: en 2023 supusieron el 4,9% para el conjunto de España y el 3,6% para Catalunya; porcentajes al alza en el primer trimestre de 2024.

El director general de AMEC analiza la situación actual de las relaciones comerciales y apunta a un triple eje. Por un lado, China aboga por el librecambismo, “que no proteccionismo”, porque lo que busca es “defender sus intereses comerciales en el exterior, por lo que no quiere “someterse a aranceles”.

En segundo lugar, los Estados Unidos trabajan para defender su mercado interior, una estrategia que viene condicionada por el volumen de su consumo interno, que es el fundamento del desarrollo de su economía. Y, en tercer lugar, Europa.

Europa tiene también un mercado interior con una gran capacidad de consumo, pero la apuesta es producir de manera sostenible y, en consecuencia, regular el comercio exterior -las importaciones- para que a su vez sean sostenibles. El problema, añade Tristany, es que las empresas europeas ven como no pueden jugar con las mismas reglas que los competidores internacionales -especialmente los asiáticos- y pierden competitividad.