Adaptar la dieta a cada fase del ciclo reproductivo mejora el estado metabólico y la condición corporal de las cerdas hiperprolíficas, especialmente las multíparas
La productividad en las granjas porcinas depende en gran medida de los resultados reproductivos de las cerdas. En las últimas tres décadas, los avances genéticos han aumentado significativamente su prolificidad, con nuevas líneas capaces de producir entre 18 y 20 lechones por camada.
Sin embargo, la alta prolificidad presenta desafíos fisiológicos durante la gestación, el parto y la lactancia, especialmente porque la capacidad de consumo de alimento de las cerdas no ha aumentado proporcionalmente. Este desequilibrio puede conducir a deficiencias nutricionales que afectan al desarrollo fetal y causan problemas metabólicos en las cerdas, con consecuencias como lechones de bajo peso al nacer, mortinatos y una mayor mortalidad neonatal.
El aumento del número de lechones nacidos se asocia además con una disminución del peso individual al nacer y una mayor variabilidad dentro de la camada. Esta variabilidad puede afectar a la supervivencia, particularmente cuando los lechones no consiguen obtener suficiente energía del calostro durante sus primeros días de vida.
Además, aunque la producción de leche de la cerda aumenta con el tamaño de la camada, la cantidad de leche disponible por lechón disminuye. Los lechones de bajo peso al nacer presentan una menor capacidad para consumir y digerir el calostro, lo que incrementa su riesgo de mortalidad neonatal.
Para maximizar la eficiencia reproductiva y optimizar los resultados productivos, resulta importante identificar los periodos críticos del ciclo reproductivo y ajustar las estrategias dietéticas a cada uno de ellos. Estas fases comprenden desde el servicio hasta los 50 días de gestación, desde los 51 hasta los 110 días, desde el día 111 hasta el periodo periparto y desde el periparto hasta la lactancia.
Durante la gestación temprana, determinados nutrientes desempeñan un papel relevante en el desarrollo embrionario, la recuperación materna y el establecimiento embrionario. El aumento del contenido de grasa de la dieta puede incrementar la ingesta neta de energía y favorecer la recuperación de la condición corporal después de la lactancia.
Asimismo, estudios previos han relacionado la suplementación con arginina con mejoras en la implantación embrionaria y el desarrollo placentario y, en última instancia, con una mayor supervivencia embrionaria y un mayor número de lechones nacidos vivos. La metionina, por su parte, participa en funciones celulares relacionadas con el estrés oxidativo y el metabolismo de la vitamina B, relevantes durante la gestación temprana.
Alimentación adaptada para mejorar el rendimiento de las cerdas hiperprolíficas
Las intervenciones nutricionales durante la mitad de la gestación se orientan a optimizar el crecimiento fetal y la salud materna. Entre las estrategias estudiadas se encuentran el aumento de la ingesta de aminoácidos y la incorporación de mayores niveles de fibra hacia las últimas etapas de la gestación.
La fase periparto requiere también ajustes nutricionales específicos para responder a las demandas del parto y la producción de calostro. Debido a que el crecimiento fetal y la síntesis de calostro aumentan las necesidades energéticas, los déficits en la ingesta de energía y lisina se han asociado con mayores tasas de mortinatos y una menor calidad de la leche durante la lactancia.
La ingesta de calcio es esencial para el desarrollo esquelético fetal y para prevenir la hipocalcemia en las cerdas, mientras que niveles suficientes de FDN (fibra detergente neutra) durante el periparto pueden contribuir al mantenimiento del tránsito intestinal y a la estabilidad de los niveles de glucosa en sangre.
Durante la lactancia, las cerdas experimentan un aumento sustancial de sus requerimientos nutricionales para mantener la producción de leche y su condición corporal. Una ingesta suficiente de energía y proteínas resulta necesaria para responder a las mayores demandas metabólicas de esta fase y favorecer la recuperación materna tras la gestación.
La lisina es relevante para el metabolismo de la glándula mamaria y la producción de leche, mientras que el calcio y el fósforo son necesarios para restaurar las reservas minerales óseas maternas y favorecer el rendimiento durante la lactancia. Por ello, una estrategia nutricional que tenga en cuenta las necesidades específicas de cada fase del ciclo reproductivo puede contribuir a optimizar el rendimiento reproductivo y productivo.
Uno de los principales desafíos metabólicos en las cerdas hiperprolíficas es la cetosis, que puede aparecer cuando un déficit de glucosa o aminoácidos provoca una mayor oxidación de ácidos grasos para obtener energía y la consiguiente producción de cuerpos cetónicos como el β-hidroxibutirato (BHBA).
Este proceso puede acompañarse de pérdida de apetito y una peor condición corporal, mientras que una lipólisis excesiva y la acumulación de triglicéridos en el hígado pueden deteriorar la condición de la cerda y afectar a su capacidad reproductiva en el siguiente ciclo.
Niveles de nutrientes esenciales en cada etapa
Un trabajo realizado por investigadores de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza se propuso analizar los cambios en los parámetros nutricionales de cerdas hiperprolíficas para aproximar los niveles de nutrientes esenciales en cada etapa de la gestación y la lactancia. La investigación se centró en sus efectos sobre la condición corporal, el estado metabólico y el número y peso de los lechones nacidos vivos y destetados.
Los autores evaluaron un programa de alimentación específico para cada fase, incluyendo el destete, para determinar sus efectos sobre el estado metabólico y la condición corporal de las cerdas y el rendimiento de las crías, en comparación con un programa estándar.
En total, 60 cerdas jóvenes y 268 cerdas multíparas fueron asignadas aleatoriamente a un grupo de control, que recibió dietas comerciales estándar, o a un grupo de tratamiento, con una dieta específica para cada fase que abarcaba la gestación temprana y tardía, el periparto y la lactancia.
En comparación con la estrategia de alimentación comercial, se administraron cuatro dietas personalizadas y específicas para cada fase. En gestación 1, hasta el día 50, el alimento fue formulado para aumentar la relación arginina/lisina digestible (+53 %), la grasa (+25 %) y la metionina digestible (+0,085 %).
En gestación 2, entre los días 51 y 110, el alimento fue enriquecido con proteína cruda (+0,86 %) y lisina digestible (+0,092 %). Durante el periparto, desde el día 111 de gestación hasta el tercer día posparto, la alimentación incluyó un aumento de proteína cruda (+4,71 %), lisina (+0,362 %) y calcio (+0,1 %), al tiempo que se redujeron la grasa (–0,854 %) y la fibra cruda (–2,492 %). Además, contenía un precursor glucogénico y al menos un 6 % de pulpa de remolacha para mejorar el aporte energético y la función intestinal.
Por último, durante la lactancia, desde el cuarto día posparto hasta el destete, el alimento se formuló con perfiles de aminoácidos mejorados, mayor contenido de lisina (+0,068 %) y mayor energía metabolizable (+26,242 kcal/kg), además de un 5 % de soja entera para mejorar la digestibilidad y la palatabilidad. Ambos grupos recibieron un alimento de lactancia con un balance electrolítico de aproximadamente 200 meq/kg.
Mejoras en las cerdas y en los lechones
En el día 113 de gestación, las cerdas jóvenes que recibieron la dieta específica presentaron un mayor espesor de grasa dorsal (BFT) y menores niveles sanguíneos de β-hidroxibutirato (BHBA) que aquellas alimentadas con las dietas comerciales.
Las cerdas multíparas que recibieron la dieta específica mostraron un mayor BFT y una mayor profundidad del músculo longissimus (LMD), además de menores niveles de BHBA en el día 113. También registraron menos lechones nacidos muertos, una menor incidencia de diarrea neonatal y menos curvas de lactancia negativas e hipofagia posparto.
En el día 28 de lactancia, las camadas correspondientes a las dietas específicas presentaron lechones más pesados, mientras que la LMD se mantuvo más alta en las cerdas del grupo control.
“Adaptar la dieta a cada fase del ciclo reproductivo mejora el estado metabólico y la condición corporal de las cerdas hiperprolíficas, especialmente las multíparas, lo que beneficia el desarrollo de sus crías”, indicaron los investigadores ante estos resultados.
Las modificaciones dietéticas del grupo de estudio redujeron significativamente la incidencia de bajo peso al nacer en las primerizas y aumentaron el peso al destete en las multíparas, además de disminuir la diarrea en las camadas y los problemas metabólicos.
“Estos hallazgos resaltan la importancia de una nutrición adaptada para satisfacer las necesidades específicas en cada etapa del ciclo reproductivo y sugieren que es necesaria más investigación sobre dietas adaptadas para optimizar los resultados”.
Fuente: Diario Veterinario