• La falta de relevo generacional ofrece una “oportunidad” para entrar en el sector
  • España es el segundo exportador de carne de cerdo a nivel mundial

Tras su desembarco en el sector agrícola, el capital institucional mira ahora a las granjas de porcino como oportunidad de negocio ante la falta de relevo generacional. Nuestro país es una potencia mundial en la producción de carne de cerdo, con una facturación el pasado año de 25.000 millones de euros

Los fondos de inversión ven una oportunidad de negocio en el pujante sector del porcino de capa blanca español, según desveló el director general de la gestora GVC Gaesco Gestión, Jaume Puig, en una jornada con ganaderos celebrada en la localidad leridana de Sant Guim de Freixenet.

Fondos que, según Puig, ya han comenzado a invertir en granjas de países del centro de Europa y de Gran Bretaña y que también miran a nuestro país. “Estáis en un sector en el que quieren entrar fondos que buscan oportunidades y que han detectado una debilidad”, la de falta de relevo generacional, explicó el directivo. “Quieren atacar comprando granjas en tantos países como se pueda”, agregó el director de la gestora de fondos antes de preguntar retóricamente a los ganaderos si querían que la riqueza se la llevaran otros sectores.

Los fondos, “saben perfectamente que es un sector muy rentable, se dan cuenta de que esto no ocurre en un país aislado, sino que ocurre en todos los sitios, van como picoteando con la idea de hacer una macro empresa a nivel europeo”.

Puig detalló que los fondos de inversión explican a compañías aseguradoras ese proceso de compra aprovechando “una situación puntual”, el cambio generacional, para conseguir el máximo de granjas posible en un plazo de diez años.

El porcino de capa blanca es una de las joyas del sector agroalimentario español. Con una facturación anual de 25.000 millones de euros y más de 415.000 empleos generados, el porcino de capa blanca representa el 44% de la Producción Final Ganadera, el 16,1% de la Producción Final Agraria y cerca del 9,5% del PIB industrial.

El pasado año, la producción de carne alcanzó los 4,92 millones de toneladas (+0,97%), de las cuales 1,47 millones corresponden a productos elaborados, entre los que destacan los embutidos (46%) y los jamones y paletas curadas (21%). El censo ganadero también se incrementó un 2% mientras que el número de granjas, donde predominan las familiares y rurales, se sitúa en 67.586.

Segundo exportador mundial

España se mantiene como segundo exportador mundial y primero de la Unión Europea, con un total de 2,72 millones de toneladas exportadas el pasado ejercicio, por un valor de 8.784 millones de euros. El porcino representa ya el 85% de las exportaciones cárnicas españolas, el 17% de la industria alimentaria y el 2,2% del total nacional. Además, el saldo comercial positivo del sector, 8.100 millones de euros, está solo por detrás del sector del automóvil.

Miguel Ángel Higuera, director de la Asociación Nacional de Productores de Ganado Porcino (Anprogapor) reconoce que “tenemos un problema, que es el relevo generacional. O dejamos de machacar al ganadero o estará peligro de extinción e irá abandonando la producción por el ataque administrativo y mediático que está sufriendo”.

En su opinión, los fondos de inversión se han percatado de que esa reducción en el número de granjas es una oportunidad de negocio para ellos. “Han visto que esa escasez va a repercutir en la producción y en una escalada al alza de los precios al caer la oferta y mantenerse la demanda”.

De hecho, el pasado año se consolidó en España el repunte del consumo interior de carne y elaborados de cerdo iniciada en 2023, hasta situarse en 816.500 toneladas (+2,84%), con un gasto total de 7.707 millones de euros (+5,6%), según la Interprofesional de Porcino de Capa Blanca (Interporc). Los productos de cerdo ya representan en volumen el 20% de todo el consumo de carne fresca fuera del hogar, pero sigue existiendo un margen de crecimiento enorme en el canal del restaurante.

Miguel Ángel Higuera asegura que todavía no hay operaciones en marcha, aunque reconoce que en España se da el caldo de cultivo ideal para un desembarco de la inversión. “A diferencia de otros países, nosotros tenemos el modelo de integración, que permite al fondo una especie de alquiler a largo plazo. En Europa, al no haber integradoras si quieres comprar una granja te tienes que encargar de comercializar los animales, es decir, ya no solo la gestión de la granja sino también del producto y eso complica mucho a alguien ajeno al negocio”.

Desde Anprogapor, ven la entrada de los fondos como una evolución de futuro. “Como asociación obviamente no nos metemos en cómo se tienen que desarrollar los negocios del porcino, pero abre la puerta a otra forma de gestión del negocio que podría ser positivo porque podría mantener producción, que es lo que nos preocupa. Si es una forma y una vía de negocio que mantenga producción y productividad en España por qué no, no vamos a ser nosotros quienes digan qué modelo de negocio está bien o está mal”, señala.

Trabas burocráticas

La asociación de ganaderos reclama un plan nacional en el que todas las administraciones definan el modelo del sector que queremos. “Se trataría de tener una visión sobre qué sector queremos tener a 20 ó 30 años y conforme a eso establecer una hoja de ruta sobre todo para ir renovando el plantel de granjas que tenemos para hacerlas más competitivas y eficientes, que no quiere decir aumentar producción, porque no vamos a poder porque nos faltan ganaderos, pero sí motivar que a quien quiera quedarse en el sector e invertir, ponérselo fácil”.

Higuera insiste en el problema de falta de relevo al que se enfrenta el sector. “La continuidad a nivel de granjas se está reduciendo mucho principalmente porque hay tantas trabas burocráticas para hacer, rehacer o reajustar una granja, que la gente busca otro negocio. No puedes estar esperando cinco años a que te den el permiso o no y ante ese panorama se está produciendo una huida, que diría que es casi lógica”.

Un camino lleno de piedras que hace “altamente probable” que la gente busque otros destinos profesionales. “Nos está costando que hijos o hijas de ganaderos continúen con el negocio familiar y además, el paso tradicional para que aumente el sector, que los nuevos agricultores que tienen cultivos pasen también a ser ganaderos de porcino para transformar esos cereales en carne y además abonar los campos, se está viendo muy limitado”. Los tiempos administrativos para tramitar todas las licencias son “demoledoramente” altos. En función del tamaño de granja se tarda entre 3 y 5 años en obtener la autorización.

Font: El economista