Daniel Donachie, gestor de programas de Gestión de Emergencias de la OMSA, advierte que los servicios veterinarios están crónicamente infrafinanciados y alerta de que la liberación intencionada de patógenos animales podría tener consecuencias devastadoras

El veterinario Daniel Donachie, gestor de programas de Gestión de Emergencias en la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), ha lanzado una seria advertencia sobre el riesgo del agroterrorismo, definido como el uso deliberado de patógenos animales o vegetales para generar daño económico, social y político. El experto subraya que «la vulnerabilidad del sector agrícola combinada con la creciente sofisticación de los actores hostiles exige un replanteamiento de cómo abordamos el agroterrorismo».

 

En este sentido, sostiene que «para contrarrestar el agroterrorismo, debemos fomentar la cooperación intersectorial, crear marcos de preparación conjuntos e invertir en bioseguridad. Si no actuamos, las consecuencias podrían ser catastróficas». El artículo explora la intersección de la salud y la seguridad animal, instando a una respuesta proactiva y coordinada a una amenaza que «no es una cuestión de si, sino de cuándo», señala Donachie.

 

Agroterrorismo: liberar intencionadamente patógenos animales para desestabilizar sociedades

 

El veterinario comienza su reflexión evocando una escena de James Bond en Al servicio secreto de Su Majestad, donde el villano Blofeld amenaza con liberar el virus de la fiebre aftosa. Lo que hace décadas parecía un argumento de ficción, hoy se aproxima a una realidad posible.

 

La referencia no es casual. En 2001, el Reino Unido vivió la peor epidemia animal de su historia: más de seis millones de animales sacrificados y pérdidas superiores a las 8.000 millones de libras esterlinas. Lo que comenzó como un acto de negligencia —un agricultor que alimentó ilegalmente a sus cerdos con desechos sin tratar— derivó en una crisis nacional. “Ese episodio muestra cuán vulnerables son nuestras cadenas agroalimentarias”, subraya Donachie. “Ahora imaginemos si alguien provocara intencionalmente un evento así: estaríamos ante un caso de agroterrorismo”.

 

A partir de la novela el experto se pregunta «¿y si tal evento fuera deliberado? ¿Cómo lo preveniríamos o detectaríamos? ¿Y si el patógeno fuera zoonótico y, por lo tanto, capaz de transmitirse entre animales y humanos? ¿Y cómo deberíamos prepararnos?».

 

Patógenos con potencial bioterrorista

 

Una comparación entre las enfermedades enumeradas por la OMSA y la lista de control de exportaciones del Grupo Australia revela 32 patógenos en común. “Esa coincidencia debería ser una señal de alerta”, advierte Donachie. “Estamos hablando de agentes que pueden causar alta morbilidad y mortalidad, que son fáciles de transportar y que podrían usarse deliberadamente para desestabilizar economías enteras”.

 

El experto subraya que los avances tecnológicos y las campañas de desinformación agravan el problema. “Las nuevas tecnologías facilitan la manipulación de patógenos, y la desinformación puede amplificar el daño psicológico y económico de un ataque”, señala. “En ese sentido, las enfermedades de la lista de la OMSA podrían convertirse en una auténtica ‘lista de la compra’ de armas biológicas si no reforzamos la vigilancia y la cooperación internacional”.

 

Los veterinarios, pieza clave pero desatendida

 

La primera línea de defensa contra el agroterrorismo son los veterinarios y los servicios sanitarios oficiales. Sin embargo, su capacidad de respuesta es limitada. “Los Servicios Veterinarios son fundamentales para detectar y contener brotes, pero muchos países no cuentan con los recursos necesarios”, explica Donachie.

 

Los datos de la OMSA muestran que solo el 40 % de sus miembros cumple con la capacidad mínima de preparación para emergencias. “No podemos permitirnos seguir con ese nivel de vulnerabilidad”, insiste. “Los veterinarios no solo protegen a los animales: protegen la economía, la salud pública y la seguridad alimentaria”.

 

Donachie agrega que fortalecer los servicios veterinarios requiere voluntad política y financiamiento sostenido. “Invertir en ellos es invertir en resiliencia nacional”, afirma. “Si un país no puede detectar un brote animal a tiempo, tampoco podrá prevenir que ese brote se convierta en una crisis de seguridad”.

 

Cooperación intersectorial: la clave de la prevención

 

Para Donachie, ningún sector puede enfrentar solo el riesgo del agroterrorismo. “Los servicios veterinarios, las fuerzas del orden y las autoridades de salud pública deben trabajar juntos. Ninguna institución, por sí sola, tiene todas las herramientas necesarias”, sostiene.

 

El especialista considera que la cooperación interinstitucional debe basarse en la confianza y en marcos formales de colaboración. “El primer paso es el diálogo”, afirma. “Las agencias policiales y sanitarias deben entender sus respectivos mandatos y responsabilidades en la prevención, detección y respuesta ante incidentes biológicos”.

 

La OMSA y la Interpol impulsan ejercicios conjuntos de simulación y capacitación para mejorar la preparación ante emergencias. “Practicar la coordinación en tiempos de paz es lo que permitirá responder eficazmente en una crisis real”, remarca Donachie.

 

Y concluye con una advertencia clara, “el agroterrorismo no es una cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo. Si subestimamos el riesgo hoy, podríamos pagar un precio muy alto mañana”.

Font: Diario veterinario