El protocolo ordena capturar a todos los ejemplares que sobrevivan a los contagios en la zona de infección y una reducción drástica de la población en el anillo de vigilancia que se extiende hasta Barcelona

A los 400 agentes desplegados en la provincia de Barcelona ante el brote de peste porcina africana se les marca un objetivo claro: prevenir que la enfermedad extremadamente letal en cerdos se expanda fuera de la zona acotada desde terrenos próximos al campus de la Universitat Autònoma de Barcelona, donde se localizaron los primeros jabalís muertos tras ser infectados. El operativo que moviliza a Agentes Rurales, soldados de la Unidad Militar de Emergencias y otros cuerpos se centra por ahora en impedir la dispersión de los contagios tras detectarse los primeros casos, pero debe acabar conllevando que no quede ni un solo jabalí en los seis kilómetros en torno a los lugares en que se hallaron los cadáveres de ejemplares a los que se transmitió el virus y que disminuya la población de la especie en el radio de seguridad, que abarca hasta 20 kilómetros alrededor de la zona cero.

Así figura en el plan de contigencia frente a la peste porcina africana del Departament de Agricultura de la Generalitat de Catalunya, cuya última revisión data del pasado 1 de octubre. El documento establece que, a partir de que amaine la primera etapa de la alarma, tendrá que eliminarse la presencia de cerdos salvajes dentro del tramo delimitado en que se ha restringido el acceso a caminos de montaña y parajes naturales.

“Una vez que dentro de la zona infectada haya pasado la fase de mayor virulencia y cuando se vea que disminuye la mortalidad, se deberán capturar los jabalís que queden vivos en la zona con métodos que eviten su dispersión”, reza el protocolo elaborado por el servicio de sanidad animal de la conselleria. La norma puntualiza que “las batidas no son aplicables” y la intervención tiene que ser quirúrgica en todo caso. “Los tiradores deberán tener cuidado de que el tiro ha de permitir abatir al animal de manera inmediata”, concreta. La misma directriz añade que “hay que garantizar el mínimo de dispersión y que no quede ningún animal herido” al hacerlo presa.

Así pues, se debe dejar sin jabalís un amplio contorno cerca de Barcelona y dentro del Vallès Occidental, incluidas parcelas de localidades como Sabadell, Sant Cugat y Cerdanyola, el presunto origen de la infección. Por el momento, el plan decreta la “prohibición total de la caza de jabalí” y “del resto de especies cinegéticas, tanto de caza mayor como menor, así como la pesca continental” dentro del perímetro donde se tiende el cordón sanitario tras confirmarse los positivos por peste porcina africana.

Aparte, señala que “la ayuda de perros se descarta” para cumplir con la tarea, excepto en caso de estar “especialmente adiestrados para detectar cadáveres y que estén conducidos por personal adecuadamente formado” para evitar que los canes toquen los restos. En la franja considerada de alto riesgo, los objetivos son “evitar que el virus se disperse accidentalmente” a sectores libres de peste porcina africana, confinar a los jabalís, obstaculizar los contactos entre grupos de ejemplares y trasladar los cadáveres de animales contagiados para destruirlos en condiciones de bioseguridad.

Disminución drástica

Sin llegar a imponer que se erradique a toda la población del animal, el reglamento de la Generalitat estipula que se tiene que “reducir drásticamente la densidad de jabalí” en el segundo anillo de protección. Es la declarada zona de vigilancia que comprende el flanco de la sierra de Collserola que pertenece a Barcelona, entre otras poblaciones. La disminución de ejemplares -denominada “vaciado sanitario”– se plantea para “minimizar el riesgo de contacto con jabalís infectados” y requiere que se redacte un plan “a la mayor brevedad posible” para llevarla a la práctica.