Los siete focos detectados hasta ahora en el entorno de Olmedo han forzado a sacrificar a dos millones de aves sobre un censo de 4,2 en Valladolid, una situación que supone un golpe «durísimo» para el sector avícola
Desde que el 19 de septiembre la Junta de Castilla y León notificase el primer foco de Influeza Aviar de Alta Patogenicidad, más conocida como gripe aviar, el goteo de casos en Valladolid ha sido constante. El último se ha declarado esta misma semana en Ataquines y ha afectado a 54.000 pollos. Sin embargo, los seis anteriores, cinco en Olmedo y uno en Aguasal, se registraron en explotaciones de gallinas ponedoras, con un volumen de aves que va de los 66.000 a los 760.000. En total, 1.970.000 unidades.
Se trata de una cifra más que considerable si se tiene en cuenta que el censo de gallinas ponedoras de Valladolid es de casi 4,2 millones, según recoge el Anuario de Estadística Agraria 2023 de la Consejería de Agricultura, último publicado. Es decir, casi la mitad de los ejemplares de Valladolid han tenido que ser sacrificados, con todo lo que eso va a implicar para las explotaciones afectadas.
El problema no reside únicamente en el coste de estas gallinas, también hay que tener en cuenta el tiempo que los negocios van a tener que estar parados para que se aplique el protocolo de desinfección. Y la imposibilidad después de encontrar en el mercado un volumen de aves que les permita empezar a producir al día siguiente. De hecho, estas industrias suelen adquirir pollitas que crían y que no ponen huevos, con suerte, hasta pasados cuatro meses. «Esto tiene un impacto brutal para ellas porque, cuando tú dejas de abastecer a alguien, el cliente busca otro proveedor y recuperarlo después puede ser imposible», explica el presidente del Colegio de Veterinarios de Valladolid, Rufino Álamo, también jefe de servicio en la Dirección General de Salud Pública de la Junta.
Aunque la Consejería todavía está tratando de determinar cuál ha sido el origen del primer foco, Álamo avanza que «la primera hipótesis» es un fallo de bioseguridad en las explotaciones, pero, en este sentido, apela a la prudencia y a esperar los resultados de la encuesta epidemiológica para saber el origen de la infección.
El director de la Asociación Castellano y Leonesa de Empresas de Avicultura (Asclea), Agustín de Prada, avisa de que las explotaciones afectadas podrían estar paradas, al menos, un año. «Hay que sacrificar las aves, quitar todo lo que haya, limpiar, desinfectar y luego empezar a tomar muestras para ver si está todo bien. Posteriormente hay que meter los primeros animales, que se denominan testigos, para ver si se contagian», explica. Y a partir de ahí, la adquisición de todo el material de nuevo y la cría.
De Prada añade que los empresarios reciben una indemnización por parte de la Administración por el pienso destruido y por las aves sacrificadas. «Pero lo que te pagan siempre está por debajo del valor real de los animales», dice.
Solo el tiempo dirá si las empresas resisten el envite. Las más grandes pueden llegar a emplear a unos cien trabajadores, según De Prada. «Es una actividad muy importante para esta zona, tanto directa como indirectamente», señala. Ahora a los afectados les toca esperar a las ayudas que lleguen desde la Administración regional. Esta misma semana, la consejera de Agricultura, María González, ha pedido al Gobierno que adelante el porcentaje de cofinanciación que le corresponde de la indemnización que cubre los «elevados» gastos de estas intervenciones, que inste a la Unión Europea a que disponga fondos para ello y que dichas cuantías estén exentas de tributación.
El presidente de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL) en Valladolid, Valentín García, incide que en algunas empresas se pueden ver «al borde» de la quiebra, aunque reconoce que cada caso es un mundo. «Las explotaciones que son más grandes tendrán más capacidad para aguantar, pero en todos los casos la situación es grave», incide.
Un relato que coincide con el del veterinario José Luis Valerio, experto en el sector avícola y con una vasta experiencia en el mismo. «Todo esto implica unas pérdidas muy cuantiosas», reconoce, aunque él está seguro de que la viabilidad de las empresas no corre peligro. «Van a salir adelante porque tienen una estructura puntera en tecnología y en bienestar animal, además de una red comercial extraordinaria… son muy fuertes económicamente», opina.
Las cifras del sector
El sector avícola tiene una importancia capital en Valladolid, especialmente en la zona de Olmedo. De las algo más de 50 millones de gallinas ponedoras que hay en España, 8,3 están en la Comunidad y, de ellas, la mitad en Valladolid (al menos hasta antes de esta crisis). Solo Castilla-La Mancha y Aragón superan en estas cifras a Castilla yLeón, según los datos del Ministerio. La Comunidad también es la tercera en producción del huevos, con algo más de 194 millones de docenas el año pasado. En el ámbito europeo, España también ocupa el tercer lugar, con 914.000 toneladas de huevos al año, por detrás de las 981.000 de Francia y las 958.000 de Alemania.
Aparte del impacto económico que esto pueda tener, también hay que tener en cuenta los riesgos para la salud pública. Cada vez que se declara un foco, la Junta decreta la inmovilización de la explotación, el sacrificio y destrucción de los cadáveres de todos los animales y el establecimiento de una zona de protección de tres kilómetros y otra de vigilancia de diez kilómetros en torno al foco.
El representante de los veterinarios avisa de que «la influenza aviar está originando una crisis de biodiversidad brutal a nivel internacional», ya que, aunque es propia de las aves, «ha pasado en determinados lugares a algunos mamíferos, entre ellos, el gato y vacas productoras de leche en Estados Unidos». Es poco probable que los humanos se contagien, aunque Álamo recuerda que ha habido casos, y algunos fallecidos. «Pero, mientras no se produzca la transmisión de persona a persona, el problema no es absolutamente grave», finaliza.
Sobre este tema, el responsable de Agricultura en Greenpeace, Luis Ferreirim, sostiene que «las macrogranjas son un caldo de cultivo perfecto para la propagación» de este virus. Por eso insta a seguir las recomendaciones de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria sobre «reducir la densidad de los animales en las explotaciones» y no autorizar nuevas ni ampliaciones.
Font: El día de Valladolid